La sesión del 19/11/20 ha comenzado con la lectura llevada a cabo por una compañera de un artículo basado en el coronavirus y las prácticas de un periódico del Comercio de Gijón sobre la Facultad. A Josetxu le parece interesante que lo leamos porque es un tema que va a dar mucho de que hablar en estas semanas en la Facultad de Educación y Formación del Profesorado. Ha habido una polémica en cuanto a la realización de las prácticas en plena pandemia debido a la propuesta que se ha realizado: en caso de prácticas presenciales, el alumnado que las esté realizando debe reducir al máximo los contactos y solo puede estar con sus convivientes; y el alumnado ha de recibir un plan de formación sobre herramientas virtuales para que puedan seguir trabajando en caso de que haya un nuevo confinamiento. Además, Josetxu a hecho una crítica al lenguaje de los y las periodistas, ya que tienen un lenguaje sexista, siempre se refieren a los hombres, cómo si las mujeres no existiésemos.
Dicho esto, el tema principal de la clase son dos aspectos que no tienen sentido, que son: la medición de la inteligencia y la medición de la educación, dos conceptos que no son medibles.
Hemos empezado hablando de por qué los objetivos educativos se empezaron a plantear en el momento de la aparición de los tests de cociente intelectual (C.I.)
El primer intento de poner en práctica medidas para intentar saber si somos inteligentes lo experimentó Sir Galton, quien defendía que el genio se hereda. Según él, en la campana de Gauss, el que no llegue a x valor, el que esté por debajo, lo llamamos, cretino, imbécil o idiota. Supuestamente son términos psicológicos. Partía de la idea de que no se puede hacer ciencia sin medir. Pretendía fijar grados de idiotismo o imbecilidad, acuño el término Eugenesia, que consiste en impedir la procreación de las personas que no son ricas, sabias, ni sanas. Según él hay que castrar también a los débiles mentales. Decía que “hay que mejorar la raza” (racismo puro y duro) y por eso lo nombraron Lord en Inglaterra.
Josetxu nos mostró que era algo que seguía en la actualidad mediante una noticia de hace seis años en de El Comercio que decía que, durante ese año, obligaron a 100 mujeres con discapacidad a esterilizarse en España.
La primera persona que empezó a elaborar tests de inteligencia fue Alfred Binet para “identificar a escolares que presentasen dificultades”. Pero también fueron útiles para segregar y diferenciar a la infancia.
El presidente de la Sociedad de Psicología Americana, Lewis Terman, elaboró el primer test de inteligencia en América para eliminar o aislar a los y las débiles mentales de la sociedad. Este mismo decidió que a los que no fuesen de raza blanca los había que segregar directamente porque lo único que podrían llegar a ser eran unos excelentes trabajadores. Los soldados americanos tuvieron que realizar esta prueba y en función de sus resultados tendrían un puesto u otro en el ejército.
Edward Thorndike, el presidente de la Asociación de Psicometría norteamericana, elaboró los tests que se utilizan actualmente para medir la inteligencia de las personas. Decía que la gente más inteligente tiene mejor voluntad, son mejores personas. La duda es, personas como Luis Bárcenas o Mario Conde, indudablemente personas listísimas, ¿son moralmente más elevados que los demás?
Hemos visto un fragmento del vídeo “El sistema educativo es anacrónico” en el que le preguntaban a Ken Robinson sobre la inteligencia, a lo que él respondía algo así como que la idea del cociente intelectual es un bulo, no tiene ningún sentido medir la inteligencia de las personas, ya que no existe una única inteligencia, tenemos múltiples.
Josetxu también nos ha mostrado un corto de los Simpson, que refleja esta ideología, la de diferenciar a las personas por su inteligencia.
Actualmente se siguen utilizando estos tests, hay muchas guarderías que no dejan entrar a niños y niñas porque no alcanzan un cierto cociente intelectual. Hace tres años en Madrid, se quiso hacer al alumnado de 5 años unos tests de sumas, restas y lenguaje, pero afortunadamente no se llevaron a cabo porque la consejera de Educación fue a la cárcel por corrupción.
Todo esto está relacionado con Cubberly, compañero de Terman, quien decía que los niños y niñas son materias primas a las que les tenemos que dar forma a nuestro gusto. Creía que el sistema educativo se podía considerar una fábrica en la que se controlaba a esas materias primas para que todo saliera perfecto (evaluación continua). También nos mostró al psicólogo conductista Skinner, quien entiende por educador, ingenieros educacionales que manejan la técnica de la enseñanza para conseguir que el alumnado haga lo que nosotros deseamos, como si fuesen robots.
Esa idea del conductismo se ha generalizado y llevó a intentar medir la educación igual que se hacía con la inteligencia.
Esto fue llevado a cabo por Benjamin Bloom. Él defendía que había que aprender a formular objetivos para ser científico para aprobar magisterio. Josetxu nos mostró un libro de didáctica en el que explicaba cómo programar según los tecnicistas. Tenían que saber programar esos objetivos y manejar bien los números, por lo que no pensaban en cómo podrían enseñar mejor a los alumnos sino en cómo mejorar esos objetivos.
Nos muestra un ejemplo de investigación para elegir qué escala verbal es mejor: A) Mal, Regular, Bien y Muy bien o B) Pésimo, Regular, Discreto y Bueno. Pero es algo absurdo plantearse este contraste porque decirle a un alumno que es “pésimo” o “discretito” es atentar contra su dignidad.
El gran desastre de la educación actual es que la mayoría de las investigaciones no aportan nada, no mejoran ni cambian la enseñanza. Este fue un modelo tecnicista que se aplicó en programas oficiales en España en los años 80, por ejemplo, en la enseñanza preescolar y en la Educación General Básica (EGB).
Esto cambia gracias a la llegada de la LOGSE (1990). Cabe destacar a Stenhouse, quien desarrolló en uno de sus libros cómo hay que entender el currículo en una visión humanista, no de forma tecnicista; y a José Gimeno Sacristán, catedrático emérito de didáctica español.
Para cerrar esta sesión, Josetxu hace una crítica al uso de la investigación experimental en la educación basándose en un ejemplo de algo que se está haciendo ahora mismo en Cantabria. Nos lee una noticia en la que habla de que en 100 colegios cántabros se dieron cuenta de que el rendimiento académico aumenta en un 14% cuando se atiende a la educación emocional, pero ¿cómo se mide el rendimiento académico? ¿Como la inteligencia? Se vuelve a presentar como algo científico. Lo pretenden hacer con unos tests que midan el nivel ansiedad y eso es imposible de medir. Pero no es solo eso, sino que dice que si no sigues este programa, solo disminuye un 5% el nivel de ansiedad, y cuando lo sigues mejoras esa ansiedad, pero ¿qué tendrá que ver? El nivel de ansiedad depende de cada momento y de la vida de cada uno, esto que dicen es un absurdo, no se puede hacer con personas.

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